- No hay mucho que pensar. En esta situación hay que seguir a la intuición.
Salimos, actuamos, atacamos. Basta de dudas, basta de inacción.
¿Me escucharon?
- ¡Si mi general!
- No podemos perder esta batalla. No somos los mejores, pero nadie tiene nuestra tenacidad.
SOMOS ESPARTANOS.
SOMOS LEONES.
SOMOS GANADORES.
¡¿ESTÁN CONMIGO?!
-¡Si mi general!
- ¡NO LOS ESCUCHO CARAJO!
-¡SI MI GENERAL!
-¡VAMOS POR TODO!
Un grito lleno de pasión y decisión envolvió el pequeño recinto donde se encontraba el pelotón.
Con sus corazones más cargados que sus armas salieron a la batalla.
Nunca hubo tanto rojo delante de sus ojos.
Por cada hombre perdido, había 3 ganados.
Llegando el atardecer, este equipo que daba todo por perdido se vio victorioso.
El general se ganó la medalla de honor. Pero sobre todo el corazón de sus subordinados.
Niños transformados en hombres. Al menos por un rato.
Nunca van a olvidar ese día de paintball.
Escribir para nutrir.
Este blog es una recopilación de emociones, sensaciones, pensamientos, reflexiones, flasheadas, cantos del alma y sonrisas del corazón.
martes, 14 de junio de 2022
miércoles, 5 de agosto de 2020
¿Dónde está la libertad?
Sentarse. Escribir. Sanar.
Hace tiempo, mucho tiempo que no me siento a escribir. Pero también hace tiempo que tengo ganas y no lo hago, como tantas otras cosas.
Supongo que sentía que la inspiración no me llegaba, o que no tenía un motivo suficiente para hacerlo.
Escribir para mi fue siempre una manera de permitirle a mi mente que viaje a donde quiera. Un ratito donde puedo adentrarme en mil caminos, que llevan a viajes enormes en el universo que soy por dentro. Y al indagar en mí para encontrar sentimientos que luego serán palabras, fui descubriendo que sanaba.
Sanaba por varios motivos. El primero es porque me permitía conocerme, y para hacerlo necesitaba sentir. El segundo es porque al sentir me podía entender, y al entender podía transmitirlo en un texto. El tercero es que al escribir descargaba eso que estaba adentro, me sentía libre. Y creo que tanto yo como cualquiera cuando siente la libertad, se siente bien.
Hoy me senté nuevamente a escribir, pasaron 9 meses desde que escribí el párrafo anterior, y ni siquiera recordaba haberlo escrito. Al releerlo veo que me siento exactamente del mismo modo, y que justamente por sentirme libre es que sentí la necesidad de sentarme hoy frente a este teclado.
Yo la libertad la siento cuando me conecto con mi ser artístico, cada vez que canto, cada vez que actúo, cada vez que escribo. Sin embargo hubo varias etapas de mi vida donde lo hacía muy poco. Hoy me doy cuenta que es algo que no puedo ni quiero dejar de hacer.
Creo que la clave de sentirse feliz está en eso, en hacer cosas que te hagan sentir libre, donde sos vos en tu totalidad.
Hace tiempo, mucho tiempo que no me siento a escribir. Pero también hace tiempo que tengo ganas y no lo hago, como tantas otras cosas.
Supongo que sentía que la inspiración no me llegaba, o que no tenía un motivo suficiente para hacerlo.
Escribir para mi fue siempre una manera de permitirle a mi mente que viaje a donde quiera. Un ratito donde puedo adentrarme en mil caminos, que llevan a viajes enormes en el universo que soy por dentro. Y al indagar en mí para encontrar sentimientos que luego serán palabras, fui descubriendo que sanaba.
Sanaba por varios motivos. El primero es porque me permitía conocerme, y para hacerlo necesitaba sentir. El segundo es porque al sentir me podía entender, y al entender podía transmitirlo en un texto. El tercero es que al escribir descargaba eso que estaba adentro, me sentía libre. Y creo que tanto yo como cualquiera cuando siente la libertad, se siente bien.
Hoy me senté nuevamente a escribir, pasaron 9 meses desde que escribí el párrafo anterior, y ni siquiera recordaba haberlo escrito. Al releerlo veo que me siento exactamente del mismo modo, y que justamente por sentirme libre es que sentí la necesidad de sentarme hoy frente a este teclado.
Yo la libertad la siento cuando me conecto con mi ser artístico, cada vez que canto, cada vez que actúo, cada vez que escribo. Sin embargo hubo varias etapas de mi vida donde lo hacía muy poco. Hoy me doy cuenta que es algo que no puedo ni quiero dejar de hacer.
Creo que la clave de sentirse feliz está en eso, en hacer cosas que te hagan sentir libre, donde sos vos en tu totalidad.
domingo, 26 de febrero de 2017
Diario de viaje: Naciendo de nuevo.
Quien alguna vez ha viajado, puede asegurarle a cualquiera de mis lectores que el viaje no comienza cuando uno llega a destino, ni cuando uno se toma el avión, ni cuando se saca el pasaje. El viaje empieza con la decisión.
Como muchos sabrán, yo tengo el deseo de viajar desde hace mucho tiempo, pero en los últimos años el destino iba tomando más forma, Francia resonaba más que cualquier otro destino (aunque en tanto tiempo en que lo anhelaba, el destino a veces cambiaba).
Por diferentes motivos el viaje siempre se iba postergando, pero las ganas siempre estaban.
Una buena noche de miércoles (como tantas otras), me junté con algunos amigos, esa noche tocaba sede Bonifacio. Estos buenos amigos han sabido viajar y tener experiencias similares a la que ahora estoy teniendo, por eso cuando me vieron con la decisión más cerca que nunca, me insistían en que lo haga, repitiéndome lo que ya tantas veces me habían contado: Los lugares, la gente, las experiencias, lo enriquecedor, el no arrepentimiento, y todo lo que un viajero podría decirle a otro viajero, pero que todavía no se recibió de tal. Y si bien, yo los escuchaba y asentía cada una de sus palabras llenas de verdad, hubo algo que fue el detonante para mi. Uno de ellos me dijo que lo que hacía a la decisión un antes y un después, era sacar el pasaje.
Así fue como la decisión realmente llegó a mi, me senté por encima de los miedos y las dudas, y me puse a buscar pasaje. En principio pensaba en Barcelona (casualmente mientras escribo esa ciudad suena en mis oídos la canción Barcelona de Geoge Ezra, lo recomiendo), pero al haber elegido la fecha, me parecía más sensato venir a Francia, puesto que podía sacar la visa de vacaciones y trabajo, lo cual me permite trabajar en la tierra del vino, el queso y la baguette.
El 12 de agosto de 2016, sentado en la pc de mi trabajo, saqué el pasaje. Buenos Aires - San Pablo (escala) París, para el 22 de febrero de 2017, en ese momento mi vida cambió. Francia dejó de ser un sueño de niño, para pasar a ser una realidad que todavía no me tocaba vivir, pero que ya estaba esperandome.
Los siguientes meses se me pasaron volando, disfrutando mucho cada uno de ellos, llenos de momentos con personas que a la distancia las sigo teniendo acá conmigo, todo el tiempo.
Antes de venir para el viejo continente, tuve la suerte de viajar un poquito y conocer playas que no conocía, tanto de Argentina como del hermoso hermano Brasil, estos viajes los hice con familia y amigos y sin ellos, claramente no hubiese sido igual, fueron dos viajecitos muy felices gracias a ellos.
Llegó el 12 de febrero, de nuevo en Buenos Aires (después de dos días en la ruta que se hicieron larguitos), ya no haabía más remedio, todo lo que quedaba era terminar de cerrar el viaje y despedirme de mis seres queridos.
Esos 10 días pasaron más rápido que un suspiro, pero un suspiro cargado de amor, sorpresa y felicidad,
El 22 llegó (¡si hace 4 días nada más!), después de pagar la latita de gaseosa más cara de mi vida (60P) me subí al avión con destino a San Pablo. Luego de sobrevolar una de las ciudades más grandes que vi, mis pies tocaban tierra una vez más tierra solo por un ratito. Me tocó esperar poco tiempo antes de volver a volar.
Finalmente, tras unas 11 horas de vuelo, Francia, me recibió. Y en ese momento, volví a nacer.
Como muchos sabrán, yo tengo el deseo de viajar desde hace mucho tiempo, pero en los últimos años el destino iba tomando más forma, Francia resonaba más que cualquier otro destino (aunque en tanto tiempo en que lo anhelaba, el destino a veces cambiaba).
Por diferentes motivos el viaje siempre se iba postergando, pero las ganas siempre estaban.
Una buena noche de miércoles (como tantas otras), me junté con algunos amigos, esa noche tocaba sede Bonifacio. Estos buenos amigos han sabido viajar y tener experiencias similares a la que ahora estoy teniendo, por eso cuando me vieron con la decisión más cerca que nunca, me insistían en que lo haga, repitiéndome lo que ya tantas veces me habían contado: Los lugares, la gente, las experiencias, lo enriquecedor, el no arrepentimiento, y todo lo que un viajero podría decirle a otro viajero, pero que todavía no se recibió de tal. Y si bien, yo los escuchaba y asentía cada una de sus palabras llenas de verdad, hubo algo que fue el detonante para mi. Uno de ellos me dijo que lo que hacía a la decisión un antes y un después, era sacar el pasaje.
Así fue como la decisión realmente llegó a mi, me senté por encima de los miedos y las dudas, y me puse a buscar pasaje. En principio pensaba en Barcelona (casualmente mientras escribo esa ciudad suena en mis oídos la canción Barcelona de Geoge Ezra, lo recomiendo), pero al haber elegido la fecha, me parecía más sensato venir a Francia, puesto que podía sacar la visa de vacaciones y trabajo, lo cual me permite trabajar en la tierra del vino, el queso y la baguette.
El 12 de agosto de 2016, sentado en la pc de mi trabajo, saqué el pasaje. Buenos Aires - San Pablo (escala) París, para el 22 de febrero de 2017, en ese momento mi vida cambió. Francia dejó de ser un sueño de niño, para pasar a ser una realidad que todavía no me tocaba vivir, pero que ya estaba esperandome.
Los siguientes meses se me pasaron volando, disfrutando mucho cada uno de ellos, llenos de momentos con personas que a la distancia las sigo teniendo acá conmigo, todo el tiempo.
Antes de venir para el viejo continente, tuve la suerte de viajar un poquito y conocer playas que no conocía, tanto de Argentina como del hermoso hermano Brasil, estos viajes los hice con familia y amigos y sin ellos, claramente no hubiese sido igual, fueron dos viajecitos muy felices gracias a ellos.
Llegó el 12 de febrero, de nuevo en Buenos Aires (después de dos días en la ruta que se hicieron larguitos), ya no haabía más remedio, todo lo que quedaba era terminar de cerrar el viaje y despedirme de mis seres queridos.
Esos 10 días pasaron más rápido que un suspiro, pero un suspiro cargado de amor, sorpresa y felicidad,
El 22 llegó (¡si hace 4 días nada más!), después de pagar la latita de gaseosa más cara de mi vida (60P) me subí al avión con destino a San Pablo. Luego de sobrevolar una de las ciudades más grandes que vi, mis pies tocaban tierra una vez más tierra solo por un ratito. Me tocó esperar poco tiempo antes de volver a volar.
Finalmente, tras unas 11 horas de vuelo, Francia, me recibió. Y en ese momento, volví a nacer.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Gracias a vos.
Las últimas dos mañanas me desperté con nostalgia. Esa mezcla rara entre alegría y tristeza. Nostalgia por momentos de hace mucho y de hace poco. Nostalgia por cosas que aún no sucedieron.
Este año en lo personal fue muy feliz. Desde el principio supe que iba a ser especial gracias a ese viaje relámpago a esa playa que tanto quiero, en donde me encontré durmiendo en el auto de un desconocido que nunca sabrá que un extraño se desesperó de calor allí dentro.
Sentirme inmenso y diminuto a la vez en las Cataras, fue lo que me brindó febrero. En Junio me vi volando nuevamente de un día para el otro con un destino impensado, San Luis me abría sus puertas.
Y si bien estos viajecitos fueron muy felices, no podrían haberlo sido sin la compañía que los nutrió.
A este 2016 lo que más le quiero agradecer, es por las personas que me cruzó en el camino, aquellos que ya estaban, aquellos que volvieron y aquellos que encontré sin buscar.
Mi amor por el arte pude expresar durante este año, definirme y decidirme como artista, al ver que me hace más feliz de lo que pude imaginarme.
Este año también tomé la decisión quizá más importante que jamás haya tomado, y sin todos ustedes, hubiese sido mil veces más difícil.
Por eso, GRACIAS.
GRACIAS a cada uno de ustedes por ser parte de mi vida, GRACIAS por acompañarme, por alentarme, por reírse de mis chistes malos y de los buenos, GRACIAS por cada momento compartido, por cada birra, por cada mate, por cada charla y cada silencio.
2016, GRACIAS por todo esto y todo lo mucho que aún falta que me des, hasta que te tenga que decir adiós.
Este año en lo personal fue muy feliz. Desde el principio supe que iba a ser especial gracias a ese viaje relámpago a esa playa que tanto quiero, en donde me encontré durmiendo en el auto de un desconocido que nunca sabrá que un extraño se desesperó de calor allí dentro.
Sentirme inmenso y diminuto a la vez en las Cataras, fue lo que me brindó febrero. En Junio me vi volando nuevamente de un día para el otro con un destino impensado, San Luis me abría sus puertas.
Y si bien estos viajecitos fueron muy felices, no podrían haberlo sido sin la compañía que los nutrió.
A este 2016 lo que más le quiero agradecer, es por las personas que me cruzó en el camino, aquellos que ya estaban, aquellos que volvieron y aquellos que encontré sin buscar.
Mi amor por el arte pude expresar durante este año, definirme y decidirme como artista, al ver que me hace más feliz de lo que pude imaginarme.
Este año también tomé la decisión quizá más importante que jamás haya tomado, y sin todos ustedes, hubiese sido mil veces más difícil.
Por eso, GRACIAS.
GRACIAS a cada uno de ustedes por ser parte de mi vida, GRACIAS por acompañarme, por alentarme, por reírse de mis chistes malos y de los buenos, GRACIAS por cada momento compartido, por cada birra, por cada mate, por cada charla y cada silencio.
2016, GRACIAS por todo esto y todo lo mucho que aún falta que me des, hasta que te tenga que decir adiós.
martes, 1 de noviembre de 2016
Más que sonidos.
Eran sonidos. Sonidos salvajes. Sonidos salvajes y musicales. Eran sonidos que invitaban al movimiento. Hacían sentir como impulsos eléctricos en cada articulación, obligando a bailar a quien se atrevía a oírlos.
Y allí estaba sentado resistiéndome, como si pudiera decidir, elegir lo que iba a suceder. Cuando creí que había controlado a los sonidos, a mi cuerpo e incluso a mi espíritu, mis ojos, rebeldes a mi control, empezaron a seguirla. Su gracia, su belleza, su amistad con la música que la guiaba apasionadamente en cada paso que daba, en cada movimiento, en cada vuelta que su sonrisa acompañaba.
La veía fluir sintiendo la música, llenando su cuerpo de miradas de deseo que con clase ignoraba. Ignoraba todas, todas menos una, una que no quería ignorar, una que devolvía, una mirada que se posaba en la suya. Una mirada que expresaba más que deseo, una mirada que la invitaba a vivir su mundo de fantasías.
El aire en su rostro cambió. Su sonrisa fue más plena cuando el dueño de esa mirada sin dudarlo se acercó y la tomó de las manos.
Juntos brillaron al son de esos sonidos que no quisieron evitar sentir.
La música se los llevó.
Yo solo me reí contento, al ver salir volando a un angelito con flechas de sonidos salvajes.
Y allí estaba sentado resistiéndome, como si pudiera decidir, elegir lo que iba a suceder. Cuando creí que había controlado a los sonidos, a mi cuerpo e incluso a mi espíritu, mis ojos, rebeldes a mi control, empezaron a seguirla. Su gracia, su belleza, su amistad con la música que la guiaba apasionadamente en cada paso que daba, en cada movimiento, en cada vuelta que su sonrisa acompañaba.
La veía fluir sintiendo la música, llenando su cuerpo de miradas de deseo que con clase ignoraba. Ignoraba todas, todas menos una, una que no quería ignorar, una que devolvía, una mirada que se posaba en la suya. Una mirada que expresaba más que deseo, una mirada que la invitaba a vivir su mundo de fantasías.
El aire en su rostro cambió. Su sonrisa fue más plena cuando el dueño de esa mirada sin dudarlo se acercó y la tomó de las manos.
Juntos brillaron al son de esos sonidos que no quisieron evitar sentir.
La música se los llevó.
Yo solo me reí contento, al ver salir volando a un angelito con flechas de sonidos salvajes.
martes, 19 de julio de 2016
Mate con manzanilla.
Hay momentos donde la inspiración llega sola y hay que dejarla ser.
Un mate con azúcar y manzanilla. El ruido de las hornallas, y un pájaro que canta en mi ventana. No elijo más que eso, una lapicera y un papel.
Es lindo ver como uno puede abstraerse de lo demás, si lo elije. Si la concentración en lo que está haciendo es más importante que un tipo diciendo: "COMPRAMOSVENTANASTELEVISORESCOCODRILOSSEÑORAAA."
Creo que me dejé llevar.
Yo creo que las palabras llegan solas si uno sabe lo que quiere comunicar. Pero ¿Si uno no sabe, si se olvida el hilo que tenía en mente? Creo que de ninguna manera se puede escribir así. No se puede escribir sin tener algo que se quiera decir.
He dicho.
Aparte es más difícil cuando la inspiración se va así como llegó. El mate frío tampoco ayuda.
Uno se cuelga mirando a la nada, tratando de recordar que estaba pensando, que quería decir. Al punto, a veces, de GRITARSE A UNO MISMO DENTRO DE LA CABEZA, INCLUSO INSULTARSE!!!!!!
Hasta que la idea vuelve, y es todo serenidad, suena Enya dentro de la cabeza, es casi una meditación.
Un susurro de pensamiento, una idea que simplemente se deja ser, para poder ser escrita.
En un momento donde ya nada más puede decirse, el escritor entiende, que ya las palabras llegaron y se quedaron impregnadas en la idea que quería comunicar.
Un mate con azúcar y manzanilla. El ruido de las hornallas, y un pájaro que canta en mi ventana. No elijo más que eso, una lapicera y un papel.
Es lindo ver como uno puede abstraerse de lo demás, si lo elije. Si la concentración en lo que está haciendo es más importante que un tipo diciendo: "COMPRAMOSVENTANASTELEVISORESCOCODRILOSSEÑORAAA."
Creo que me dejé llevar.
Yo creo que las palabras llegan solas si uno sabe lo que quiere comunicar. Pero ¿Si uno no sabe, si se olvida el hilo que tenía en mente? Creo que de ninguna manera se puede escribir así. No se puede escribir sin tener algo que se quiera decir.
He dicho.
Aparte es más difícil cuando la inspiración se va así como llegó. El mate frío tampoco ayuda.
Uno se cuelga mirando a la nada, tratando de recordar que estaba pensando, que quería decir. Al punto, a veces, de GRITARSE A UNO MISMO DENTRO DE LA CABEZA, INCLUSO INSULTARSE!!!!!!
Hasta que la idea vuelve, y es todo serenidad, suena Enya dentro de la cabeza, es casi una meditación.
Un susurro de pensamiento, una idea que simplemente se deja ser, para poder ser escrita.
En un momento donde ya nada más puede decirse, el escritor entiende, que ya las palabras llegaron y se quedaron impregnadas en la idea que quería comunicar.
viernes, 3 de junio de 2016
Una cucharadita más.
Cuando era chico un amigo un día me dijo:
"¿Alguna vez pensaste como una cucharada de azúcar de más, te puede cambiar la vida?"
Al ver mi expresión facial, continuó:
"Imaginate, vos te levantás, te cambiás, te lavás los dientes y bajás a desayunar. Abajo tu vieja ya se levantó, y te tiene preparado un café con leche con tostadas. Vos untás en tus tostadas la manteca, dulce de leche, lo que quieras. Le ponés 3 cucharaditas de azúcar al café, lo tomás, saludás a tu vieja y te vas a la escuela."
Le hago gesto de que prosiga.
"Ahora imaginate la misma escena, pero al momento de ponerle azúcar al café, en vez de 3, le ponés 4 cucharaditas. Tu mamá te ve. Te reta por ponerle tanta azúcar al café, te da un breve sermón sobre la diabetes, discuten un poco y te vas sin saludar.
Saliendo de tu casa lo único que pensás es en las boludeces en que tu vieja te rompe los huevos. Claramente ya estás de mal humor. Por ir pensando en lo que le tendrías que haber dicho a tu mamá para ganarle la discusión, pisas un charco, te mojás, puteás, y encima el bondi que te hubieses tomado lo perdiste, porque saliste más tarde de tu casa.
Llegás tarde a la escuela, tenés media falta, discutís con el preceptor, con la profesora. Seguís de mal humor y posiblemente tenés un día de mierda, por una cucharadita más de azúcar."
Si bien yo siempre fui de pensar en lo que hubiera sido si tal cosa hubiese pasado, cuando él me dijo esto, me obsesioné un poco. Me fascino la idea de como algo tan mínimo podía modificarte todo, y me abrió la cabeza a pensamientos más profundos como si esas cosas estaban destinadas a pasar o no.
No es sorpresa que soy un tipo flashero, esas cosas siempre me gustaron, y de vez en cuando me gusta pensar los distintos caminos que podría haber sido o podrían ser en relación a las decisiones tomadas o a tomar.
Por su puesto que vivir de este modo no es saludable, por eso tampoco vivo pendiente de esto, pero de vez en cuando estos momentos de reflexión están copados.
En fin, el por qué de escribir esto se debe a que si bien venía teniendo ganas de retomar un poco la escritura hace un tiempo, fueron estas "casualidades" las que me llevaron a escribir nuevamente, y a escribir sobre este tema.
El hecho de encontrar que alguien te impulse a escribir, diciéndote que al escribir podés llegar a alguien, marcándote que era el objetivo de este blog al nacer (algo que escribí en el primer post y había olvidado), de que cuando uno siente que debe hacer algo lo haga, dejarse llevar por el sentir, porque nunca se sabe hasta donde puede llegar, y que hasta que puede trascender las fronteras del tiempo y el espacio (se que suena muy flashero dicho de este modo, pero es real, quizás estás leyendo esto años después que lo escribí, en algún lugar perdido del mundo), y hasta ayudar de algún modo a alguien.
Así que mi mensaje hoy y siempre es este: Hacé lo que sentís, dejate llevar, como yo en este texto. Se quien sos sin estar atado a prejuicios personales o sociales: Sé libre, vos sos quien y como sos, y así debés amarte y mostrarte.
Nunca sabés lo que podés estar generándole a alguien, por simplemente ser quien sos.
"¿Alguna vez pensaste como una cucharada de azúcar de más, te puede cambiar la vida?"
Al ver mi expresión facial, continuó:
"Imaginate, vos te levantás, te cambiás, te lavás los dientes y bajás a desayunar. Abajo tu vieja ya se levantó, y te tiene preparado un café con leche con tostadas. Vos untás en tus tostadas la manteca, dulce de leche, lo que quieras. Le ponés 3 cucharaditas de azúcar al café, lo tomás, saludás a tu vieja y te vas a la escuela."
Le hago gesto de que prosiga.
"Ahora imaginate la misma escena, pero al momento de ponerle azúcar al café, en vez de 3, le ponés 4 cucharaditas. Tu mamá te ve. Te reta por ponerle tanta azúcar al café, te da un breve sermón sobre la diabetes, discuten un poco y te vas sin saludar.
Saliendo de tu casa lo único que pensás es en las boludeces en que tu vieja te rompe los huevos. Claramente ya estás de mal humor. Por ir pensando en lo que le tendrías que haber dicho a tu mamá para ganarle la discusión, pisas un charco, te mojás, puteás, y encima el bondi que te hubieses tomado lo perdiste, porque saliste más tarde de tu casa.
Llegás tarde a la escuela, tenés media falta, discutís con el preceptor, con la profesora. Seguís de mal humor y posiblemente tenés un día de mierda, por una cucharadita más de azúcar."
Si bien yo siempre fui de pensar en lo que hubiera sido si tal cosa hubiese pasado, cuando él me dijo esto, me obsesioné un poco. Me fascino la idea de como algo tan mínimo podía modificarte todo, y me abrió la cabeza a pensamientos más profundos como si esas cosas estaban destinadas a pasar o no.
No es sorpresa que soy un tipo flashero, esas cosas siempre me gustaron, y de vez en cuando me gusta pensar los distintos caminos que podría haber sido o podrían ser en relación a las decisiones tomadas o a tomar.
Por su puesto que vivir de este modo no es saludable, por eso tampoco vivo pendiente de esto, pero de vez en cuando estos momentos de reflexión están copados.
En fin, el por qué de escribir esto se debe a que si bien venía teniendo ganas de retomar un poco la escritura hace un tiempo, fueron estas "casualidades" las que me llevaron a escribir nuevamente, y a escribir sobre este tema.
El hecho de encontrar que alguien te impulse a escribir, diciéndote que al escribir podés llegar a alguien, marcándote que era el objetivo de este blog al nacer (algo que escribí en el primer post y había olvidado), de que cuando uno siente que debe hacer algo lo haga, dejarse llevar por el sentir, porque nunca se sabe hasta donde puede llegar, y que hasta que puede trascender las fronteras del tiempo y el espacio (se que suena muy flashero dicho de este modo, pero es real, quizás estás leyendo esto años después que lo escribí, en algún lugar perdido del mundo), y hasta ayudar de algún modo a alguien.
Así que mi mensaje hoy y siempre es este: Hacé lo que sentís, dejate llevar, como yo en este texto. Se quien sos sin estar atado a prejuicios personales o sociales: Sé libre, vos sos quien y como sos, y así debés amarte y mostrarte.
Nunca sabés lo que podés estar generándole a alguien, por simplemente ser quien sos.
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