domingo, 26 de febrero de 2017

Diario de viaje: Naciendo de nuevo.

Quien alguna vez ha viajado, puede asegurarle a cualquiera de mis lectores que el viaje no comienza cuando uno llega a destino, ni cuando uno se toma el avión, ni cuando se saca el pasaje. El viaje empieza con la decisión.
Como muchos sabrán, yo tengo el deseo de viajar desde hace mucho tiempo, pero en los últimos años el destino iba tomando más forma, Francia resonaba más que cualquier otro destino (aunque en tanto tiempo en que lo anhelaba, el destino a veces cambiaba).
Por diferentes motivos el viaje siempre se iba postergando, pero las ganas siempre estaban.
Una buena  noche de miércoles (como tantas otras), me junté con algunos amigos, esa noche tocaba sede Bonifacio. Estos buenos amigos han sabido viajar y tener experiencias similares a la que ahora estoy teniendo, por eso cuando me vieron con la decisión más cerca que nunca, me insistían en que lo haga, repitiéndome lo que ya tantas veces me habían contado: Los lugares, la gente, las experiencias, lo enriquecedor, el no arrepentimiento, y todo lo que un viajero podría decirle a otro viajero, pero que todavía no se recibió de tal. Y si bien, yo los escuchaba y asentía cada una de sus palabras llenas de verdad, hubo algo que fue el detonante para mi. Uno de ellos me dijo que lo que hacía a la decisión un antes y un después, era sacar el pasaje.
Así fue como la decisión realmente llegó a mi, me senté por encima de los miedos y las dudas, y me puse a buscar pasaje. En principio pensaba en Barcelona (casualmente mientras escribo esa ciudad suena en mis oídos la canción Barcelona de Geoge Ezra, lo recomiendo), pero al haber elegido la fecha, me parecía más sensato venir a Francia, puesto que podía sacar la visa de vacaciones y trabajo, lo cual me permite trabajar en la tierra del vino, el queso y la baguette.

El 12 de agosto de 2016, sentado en la pc de mi trabajo, saqué el pasaje. Buenos Aires - San Pablo (escala) París, para el 22 de febrero de 2017, en ese momento mi vida cambió. Francia dejó de ser un sueño de niño, para pasar a ser una realidad que todavía no me tocaba vivir, pero que ya estaba esperandome.
Los siguientes meses se me pasaron volando, disfrutando mucho cada uno de ellos, llenos de momentos con personas que a la distancia las sigo teniendo acá conmigo, todo el tiempo.
Antes de venir para el viejo continente, tuve la suerte de viajar un poquito y conocer playas que no conocía, tanto de Argentina como del hermoso hermano Brasil, estos viajes los hice con familia y amigos y sin ellos, claramente no hubiese sido igual, fueron dos viajecitos muy felices gracias a ellos.
Llegó el 12 de febrero, de nuevo en Buenos Aires (después de dos días en la ruta que se hicieron larguitos), ya no haabía más remedio, todo lo que quedaba era terminar de cerrar el viaje y despedirme de mis seres queridos.
Esos 10 días pasaron más rápido que un suspiro, pero un suspiro cargado de amor, sorpresa y felicidad,

El 22 llegó (¡si hace 4 días nada más!), después de pagar la latita de gaseosa más cara de mi vida (60P) me subí al avión con destino a San Pablo. Luego de sobrevolar una de las ciudades más grandes que vi, mis pies tocaban tierra una vez más tierra solo por un ratito. Me tocó esperar poco tiempo antes de volver a volar.
Finalmente, tras unas 11 horas de vuelo, Francia, me recibió. Y en ese momento, volví a nacer.