Sentarse. Escribir. Sanar.
Hace tiempo, mucho tiempo que no me siento a escribir. Pero también hace tiempo que tengo ganas y no lo hago, como tantas otras cosas.
Supongo que sentía que la inspiración no me llegaba, o que no tenía un motivo suficiente para hacerlo.
Escribir para mi fue siempre una manera de permitirle a mi mente que viaje a donde quiera. Un ratito donde puedo adentrarme en mil caminos, que llevan a viajes enormes en el universo que soy por dentro. Y al indagar en mí para encontrar sentimientos que luego serán palabras, fui descubriendo que sanaba.
Sanaba por varios motivos. El primero es porque me permitía conocerme, y para hacerlo necesitaba sentir. El segundo es porque al sentir me podía entender, y al entender podía transmitirlo en un texto. El tercero es que al escribir descargaba eso que estaba adentro, me sentía libre. Y creo que tanto yo como cualquiera cuando siente la libertad, se siente bien.
Hoy me senté nuevamente a escribir, pasaron 9 meses desde que escribí el párrafo anterior, y ni siquiera recordaba haberlo escrito. Al releerlo veo que me siento exactamente del mismo modo, y que justamente por sentirme libre es que sentí la necesidad de sentarme hoy frente a este teclado.
Yo la libertad la siento cuando me conecto con mi ser artístico, cada vez que canto, cada vez que actúo, cada vez que escribo. Sin embargo hubo varias etapas de mi vida donde lo hacía muy poco. Hoy me doy cuenta que es algo que no puedo ni quiero dejar de hacer.
Creo que la clave de sentirse feliz está en eso, en hacer cosas que te hagan sentir libre, donde sos vos en tu totalidad.