Hay momentos donde la inspiración llega sola y hay que dejarla ser.
Un mate con azúcar y manzanilla. El ruido de las hornallas, y un pájaro que canta en mi ventana. No elijo más que eso, una lapicera y un papel.
Es lindo ver como uno puede abstraerse de lo demás, si lo elije. Si la concentración en lo que está haciendo es más importante que un tipo diciendo: "COMPRAMOSVENTANASTELEVISORESCOCODRILOSSEÑORAAA."
Creo que me dejé llevar.
Yo creo que las palabras llegan solas si uno sabe lo que quiere comunicar. Pero ¿Si uno no sabe, si se olvida el hilo que tenía en mente? Creo que de ninguna manera se puede escribir así. No se puede escribir sin tener algo que se quiera decir.
He dicho.
Aparte es más difícil cuando la inspiración se va así como llegó. El mate frío tampoco ayuda.
Uno se cuelga mirando a la nada, tratando de recordar que estaba pensando, que quería decir. Al punto, a veces, de GRITARSE A UNO MISMO DENTRO DE LA CABEZA, INCLUSO INSULTARSE!!!!!!
Hasta que la idea vuelve, y es todo serenidad, suena Enya dentro de la cabeza, es casi una meditación.
Un susurro de pensamiento, una idea que simplemente se deja ser, para poder ser escrita.
En un momento donde ya nada más puede decirse, el escritor entiende, que ya las palabras llegaron y se quedaron impregnadas en la idea que quería comunicar.
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