Una mujer pequeña de pelo blanco se despierta de una sobresalto por una explosión que no escuchó.
- Ya ocurrió - Dijo, y se levanto pausadamente.
5 horas y 23 minutos de una noche de calor.
La mujer pequeña de pelo blanco espera a que el Sol se muestre completo para empezar, la noche no la aterra, pero no ve bien en la oscuridad.
Se sirve un té de manzanilla, una cucharada de azúcar rubia y se sienta mirando fijamente por la ventana que da al parque San Sebastián.
Entre pensamientos recuerda a su nieta Valeria jugando con Marjorie de pequeñas y sonríe. Sabe que irá a visitar a su mejor amiga para darle la noticia.
6 horas 1 minuto. El sol ya muestra sus rayos, el día es espléndido, el cielo celeste sin una nube, una temperatura calurosa pero agradable.
La mujer pequeña de pelo blanco se dispone a salir, cruza hacia el parque y nota que no hay sonido de aves. No le sorprende, los animales perciben todo.
Camina diez cuadras hasta llegar al cerrito del Carmen. Al subirlo se percata que nadie está en el lugar, todo está quieto, excepto su blanca cabellera que baila un poco al compás del viento.
En la sima, una vieja y sencilla iglesia la espera en silencio.
Al entrar, no mira más que al frente. Parada delante del altar, la pequeña mujer de pelo blanco, cierra los ojos y repite en voz baja dos veces el Padre Nuestro, y una vez más con la voz en alto. Hecho esto, se da media vuelta, sale de la iglesia y la bordea hasta llegar a la gran cruz que se encuentra detrás. Frente a la cruz, hace el mismo ritual, cierra los ojos y en voz baja reza dos Padre Nuestro, y una vez más en voz alta.
Bajando del cerro, toma una flor pequeña y amarilla, y la coloca detrás de su oreja.
Volviendo decide parar y comprar pan.
- Buen día Guadalupe.
- Buen día José.
- Ha visto usted las noticias?
- No ¿qué ha pasado? - Pregunta simulando desconocimiento.
- ¡Es terrible señora! ¡Ha habido un derrumbe!
Actuando sorprendida pone cara de preocupación y menea la cabeza de un lado hacia otro, pero no dice nada.
- Toda la ciudad está revolucionada, no saben ni como pasó. ¡Que tragedia mi Dios, que tragedia!
- Quédese tranquilo José, todo estará bien. - Sus ojos reflejaban verdad, y eso tranquilizó al comerciante.- Deme un cuarto de pan por favor- Dijo con una sonrisa contagiosa, mientras estiraba su mano para darle el dinero a José.
- Claro que si Guadalupe, tiene razón, aquí está su vuelto, ¡cuidese!
La mujer salió callada y sonriendo. caminó cinco cuadras más y entró a su casa.
Abrió todas las ventanas y dejó el pan en la cocina.
- Ya se lo que dirás, lo he visto.- Hablaba mirando hacia la ventana - Hoy llegará, tiene un destino que cumplir, le costará pero finalmente explotará su potencial para llevarnos al siguiente nivel.
Su gato blanco de manchas marrones la miraba, y le maulló.
-Si si, lo sé, tendremos que ayudarle, y también se que aún no has comido. Hay que preparar todo para cuando llegue.
Guadalupe hizo la limpieza de su hogar, con un carbón, recinas y flores secas. El olor le gustaba y la hacía sonreír y danzar. Luego dispuso de sahumerios de menta en todas las habitaciones, para otorgar pureza, belleza y ascensión al lugar. Tomó sus maracas, y con palabras indescriptibles, rodeó la casa con el sonido del caribe.
- Listo, ya está el portal, y la limpieza completa, ahora debemos esperarla.
El día para ella transcurrió normal, pero fuera, un derrumbe creado por una misteriosa explosión, daba vueltas al mundo.
El reloj marcaba las 23:27, la mujer pequeña de cabello blanco se para tras la puerta, espera un minuto, y sonriendo abre la puerta. Una señorita rubia y alta la miraba desconcertada y con emoción. Guadalupe respiró y dijo:
- Sabía que vendrías.