jueves, 27 de febrero de 2014

Marjorie.

Un día como otros que ha vivido, despertó a Marjorie con el sonido de la lluvia golpeando su ventana. Por un segundo pensó en lo agradable de estar acostada mientras las gotas caen, luego sin pensarlo, tomó su celular, miró la hora y al ver que marcaba las 7:45, volvió a dormirse.
- Magui... Magui...
- ¿Quién sos?
- Magui... Magui...
- ¡Mostrate!
- Magui... Magui...
- ¡No me llames así!
- MAGUI... MAGUI... MAGUI...
Entre llantos y exaltación, Marjorie se sentó en la cama, la lluvia caía sin cesar, y su mente no dejaba de recordar esa extraña y vívida pesadilla. Miró la hora, eran las 7:51. Marjorie no aceptaba que solo habían pasado seis minutos desde que había decidido volver a dormir. Encendió la televisión, 7:52, 12° C indicaban que esa mañana de verano era fría como pocas.
Cuando Marjorie se percató de lo que estaba viendo se sintió triste, y sin saber por que, empezó a lagrimear, colapsada por la horrorosa imagen que veía.
Derrumbe causado por una explosión en una ciudad lejana, pero que para ella era tan cercana, que con solo cerrar los ojos ya estaba allí. La ciudad de su infancia, de su primer amor, aquella que le había mostrado como crecer, hoy, era un caos, un desastre como tantos en los últimos años, pero no igual. Ella sabía que algo fuera de lo común había pasado, lo sentía en su pecho.
Marjorie decidió tomar un baño para relajarse y pensar mejor. Mientras enjuagaba su bella cabellera rubia con sus ojos cerrados, una imagen le vino a la mente, era una niña que miraba hacia abajo, con el pelo sobre su rostro que llorando la llamaba:
-Magui! Ayúdalos Magui!
Marjorie resbaló y golpeó su codo contra la pared, sangró pero poco le importó... Nadie la llamaba así desde pequeña, solo una persona le decía "Magui", y hacía tiempo que ya no sabía nada de ella...
Se vistió rápido, tomó sus cosas y partió hacia el aeropuerto.
Luego de 12 horas de viaje, llega a destino, la Ciudad de Guatemala vuelve a recibirla.
Pocas cosas de su pasado quedaron en esa ciudad, ella había decidido dejarlo atrás, y olvidar ese pasado que dentro de tantas risas, llevaba mucho dolor.
Salió del Aeropuerto La Aurora y tomó un taxi.
- Buenas noches, hasta el parque San Sebastián por favor.
Mientras cruzaba la ciudad, los recuerdos aparecían solos, aquel beso de despedida en la estación Plaza España con Cristóbal, la discusión con su jefa en el depósito del local de ropa, su primer día en la Universidad Francisco Maroquín, donde su sueño de arquitecta empezaba a construirse. Y el recuerdo más profundo y triste, el accidente de su padre en la 6A avenida...
- Son $15 por favor.
- Tome 5 dólares, tenga el cambio.
Al bajar del auto, sonrió al ver de nuevo ese pequeño parque, y recordó a Valeria...
- 28, 29, 30, espero que te hayas escondido bien esta vez Magui!

Se volteó y cruzó la calle.
Frente a sí, la volvió a ver, las dos ventanas de madera a los costados, la puerta blanca pequeña en el centro y el viejo farol que seguía dando luz tenue.
El reloj marcaba las 23:28.
Se dispuso a llamar al timbre, pero antes de hacerlo, la puerta se abrió sola.
Una mujer pequeña de cabello blanco le sonreía.
-Sabía que vendrías.

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